ALMERÍA - ORÁN

Almerienses en Orán, una emigración poco conocida

La emigración es el viaje de la necesidad. Es, probablemente, la causa más antigua que ha tenido el ser humano para trasladarse de un lugar a otro, desde el inicio de los tiempos. No es un viaje, es una búsqueda. A veces de un sueño, a veces de la prosperidad, o la comida, que la tierra propia te niega. A veces, buscando un futuro. “Esto es algo que se hace pensando más en los hijos que en uno mismo”, dice Edelmiro Torres en su casa de Pechina.

Francisco Cayuela, Francisco Gómez, Edelmiro Torres y Raymonde Cortés

Francisco Cayuela, Francisco Gómez, Edelmiro Torres y Raymonde Cortés,

sostienen un mapa de Orán, la ciudad de emigración en los años 40 del siglo pasado.

En el porche, alrededor de una mesa, conversa con Francisco Gómez Cantón y Francisco Cayuela, mientras Raymonde Cortés Vargas, su esposa va trayendo varios platos con comida. Comparten recuerdos. Menos Raymonde, todos nacieron en Almería, en la primera mitad del siglo pasado, y todos se fueron a Orán, allá por los años 40, siendo niños. Allí se hicieron adultos, y de allí se tuvieron que ir en los años 60, cuando la guerra de independencia hizo insostenible la situación allí para los europeos.

Orán, una de las emigraciones almerienses menos conocidas. Y, sin embargo, las estadísticas dicen que esta provincia fue la que más hijos vio partir hacia esta región de Argelia. En 1885, de 15.532 españoles que emigraron a Argelia, 7.635 eran almerienses, en 1.886 se fueron 8.888 personas, y en el período de 1891 a 1895, nada menos que 33.881.

Grupo de almerienses en las haciendas

Mercado francés en Sidi Abbés

“Argelia era Francia desde 1830, y eso atrajo oleadas de emigrantes”, cuenta Edelmiro. “Orán está a 200 kilómetros de Argel, y es interesante, porque se fundó en la misma época que Almería, y casi por la misma gente. Y allí se podía ir con papeles de turista, sólo a Argentina y a Orán”. Los tres se fueron en años distintos, pero el viaje era el mismo. “Un barco de Almería a Melilla. Una barcaza”, recuerdan. “Íbamos sobre la cubierta, vomitando toda una noche entera”. Allí estaban en España aún. Había que tomar un autobús, y pasar por Oudsda la frontera con Argelia. Parte de Marruecos era protectorado francés, y Argelia, colonia, territorio francés de ultramar. Era un trayecto de seis o siete horas.

“Allí empezamos nosotros a ver musulmanes”, cuenta Edelmiro. “Fue sorprendente. Y el paisaje. Yo era un niño que se iba de Huércal con 15 a ños, y no había visto nada. Todo parecía extraordinario”.

Orán era una ciudad grande comparada con Almería, “que era un pueblo grande, feo y sucio”. Orán era una ciudad francesa. Los edificios eran de un estilo moderno, había muchos vehículos en las calles, las calles eran rectas, asfaltadas, con aceras, había kioscos de prensa, de la policía, reguladores del tráfico. “Cosas que sólo había visto en el cine, en el Nodo”, recuerdan.

Edelmiro ha organizado una exposición sobre aquella emigración:‘Españoles en Orán, 1830-1962. Ni colonizadores, ni colonizados, trabajadores ’, que ha expuesto en Huércal- Overa, e incluso ha sido un éxito hace poco en Lyon, Francia, donde permanecen muchos de aquellos emigrantes y sus descendientes.

Cada uno tiene su historia. Raymonde es nacida allí, en Orán, de padres españoles, y se casó con Edelmiro en 1959. Luego se fueron a Lyon, donde él trabajó en una empresa de productos químicos, y tuvieron tres hijos. Paco Gómez se fue en 1949, con seis años, acompañando a su padre, su madre y su hermano. Fue mecánico dentista, y cuando se tuvo que ir a Francia se dedicó a la albañilería. Conoció en Francia a Carmen Gázquez, que era de Huércal también, se casaron, y tuvo tres hijos.

Paco Cayuela se fue en 1950, con nueve años, con sus padres. Estuvo allá diez años, volvió, hizo la mili y luego estuvo en Francia. Volvió a Almería en 1978. Está casado y tiene tres hijos, dos franceses y una almeriense. Mientras el sol del mediodía achicharra afuera, en el portalón, a la sombra, las anécdotas vuelan. Ninguno ha vuelto a Orán. Tal vez, con el tiempo, alguno querría ir.