

ALMERÍA - BRASIL
“Prométeme, hijo, que irás a mi pueblo”, le dijo Emilio Carretero Fernández a su nieto Osvaldo, en 1979, poco antes de morir. El pueblo del que hablaba, del que siempre habló en aquellas tierras de Brasil a las que llegó a comienzos del siglo XX, echó raíces y fundó una familia, era Ohanes, y también Terque, de donde había partido también su esposa, María Rodríguez Solbas.

Osvaldo Lopes, en 1995, al llegar a Terque (Almería)
Así que un día de 1995, dieciséis años después, Osvaldo Lopes Carretero llegó a Almería y tomó la carretera que sube hacia las estribaciones de la sierra. Esta era la tierra de la que tantas historias había escuchado, en la que, tal vez, debió haber nacido. Aquí sus abuelos se habían criado, habían trabajado y vivido, habían aprendido los valores de trabajo y honradez que luego les habían transmitido a su padre y a él.
“...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y yo me iré; estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido... Y se quedarán los pájaros cantando”. Las palabras de Juan Ramón Jiménez no se le quitaban a Osvaldo de la mente a medida que el camino se adentraba entre las primeras montañas. Nada se había ido, sólo las personas iban y volvían.

Emilio y su esposa, María, a los 85 años
Emilio Carretero Fernández había nacido en 1894, en Ohanes. Trabajó, como tantos en aquella época, como barrilero y en cuanta labor apareció, pero a comienzos del siglo, por causas diversas entre las que contaba la epidemia de filoxera que se abatió sobre los parrales de toda Andalucía, el trabajo de la uva entró en crisis.‘Emigrar es vivir’, decían los agentes de las compañías de navegación que recorrían los pueblos buscando viajeros.
La familia Carretero Fernández desembarcó en el puerto de Santos en marzo de 1910, tras una travesía de más de veinte días en el vapor ‘Aquitaine’. Iban Francisco Carretero Moreno y su esposa, María Fernández Alcalde, con sus hijos: Emilio (el abuelo de Osvaldo), Ticiano, Hermenegildo y Diogo.
En septiembre del mismo año llegaba en el vapor ‘Sofía’ la familia formada por Guillermo Rodríguez Escámez, Encarnación Solbas y sus hijos María (la abuela), Luisa y Antonio, todos de Terque. De Santos, los recién llegados eran enviados a Sao Paulo, a una Hospedería de Inmigrantes, a la espera de destino en alguna de las haciendas de café de las afueras de la ciudad. Las dos familias fueron para Jaú y Brotas.
Pero en las haciendas, los españoles eran maltratados, y la mayoría terminaron abandonándolas para regresar a Sao Paulo.
En 1918, Emilio y María se casaron, y tuvieron seis hijos: Aurora (la madre de Osvaldo), Francisco, Marina, Elio, Walter y Wilson. Emilio trabajó como tonelero en las Industrias Matarazzo, propiedad de una familia italiana, también emigrante.
Luego se fueron a Sorocaba, una ciudad del interior del estado, a 100 kilómetros de Sao Paulo. Allí, a partir de 1935, Emilio fue feriante, vendedor de hierros, carpintero, cochero.Tuvieron once nietos y ocho bisnietos, y murieron en 1979, con quince días de diferencia entre sí.
Osvaldo se quedó con la promesa hecha en el corazón. Con el tiempo, se casó con una española, llamada Iraides, también hija de un emigrante granadino, y tuvieron una hija, Claudia Fabricia. En 1994, Osvaldo vino a Europa por cuestiones de trabajo, y visitó España, pero fue en 1995 cuando volvió a cumplirla.
El coche subió por la carretera, entre naranjales, parrales y curvas, y finalmente apareció el cartel: ‘Terque’. Osvaldo se bajó y se puso debajo, alzando los brazos. Había llegado. Visitó el pueblo, luego subió a Ohanes, se reencontró con la familia y rehizo los lazos del afecto
Con los años, Osvaldo e Iraides viene a pasar las vacaciones por aquí, y luego le hace los cuentos a Aurora, su madre, que aun vive en Sorocaba con 87 años y es la memoria viva de la historia de los españoles en Brasil.

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