ALMERÍA - ARGENTINA

Volver a Almería después de 52 años

De esa acera para allá, lo que había era campo, la vega”, dice Manuel Jurado Moreno, y señala la Rambla, repleta de coches y vida. “Bueno, estaba este colegio”, y señala La Salle, “y en la esquina aquélla había un cine de verano, más nada. Aquí veníamos a coger moras”. “¡Y el Zapillo estaba tan lejos!”, continúa su hermana Trinidad. “Ahora se va callejeando, pero cuando ibas andando por el campo parecía lejos, como ir a otro pueblo”. La mañana se ha levantado luminosa.

Trinidad Jurado, Graciela Fuente y Manuel Jurado

Trinidad Jurado, Graciela Fuente y Manuel Jurado,

paseando por la Rambla de Almería

La mañana se ha levantado luminosa. La Rambla está llena de paseantes, de jóvenes que aprovechan el descanso del colegio o el instituto, de abuelas y madres con los coches de sus niños. Manuel y Trinidad caminan juntos, recordando su niñez por estos mismos barrios.

Hace 52 años que se fueron para Argentina, de la mano de sus padres, siendo unos niños. Ahora han regresado, toda una vida de por medio, con un viaje del Inserso. Hablan con un cierto deje, y sus miradas tienen ese algo que los delataría ante un observador atento. Por lo demás, vuelven a ser de aquí con cada paso que dan o cada bocanada de aire que respiran. De la mano de Manuel, su esposa, Graciela Fuente, argentina, mira también todo como queriendo reconocer los lugares que conoce de escucharlos tantas veces.

 Manuel Jurado con sus familiares y amigos

Manuel Jurado(el primero por la izquierda) con sus familiares

y amigos en un restaurante de Almería

No es la mirada del turista, o del viajero, sino la de emigrante que vuelve, que mira con el recuerdo, tratando de encajar dos tiempos en una misma imagen que componga una vida. Tiene que haber un lugar al que volver, Almería ha cambiado pero esta ciudad tiene que recordarlos, de la misma manera que ellos no la han olvidado nunca.

“Al principio te sientes menos sola porque estás en familia”, recordaba Trinidad el día anterior, reunida con los primos y sus esposas en el restaurante Lamarca. “En ese momento no tomas conciencia de que hay un desarraigo. Es más tarde cuando te das cuenta de todo lo que has perdido, la familia, los amigos”. Ellos se fueron de niños, de la mano de sus padres, y a los niños no se les pregunta si quieren irse. El cambio en sus vidas fue total. Era otro mundo. Argentina estaba en su esplendor, todos encontraron ocupación, y se adaptaron, niños al fin y al cabo, bien.

Vivieron en La Plata. Manuel trabajó en una empresa textil, y de allí no salió en 43 años, hasta que se jubiló. Se casó en el año 71 con Graciela, y tiene cuatro hijos: Juan José, Javier Hernán, María Laura y María Verónica. En el 86, lo mandaron a Italia por trabajo y se escapó un fin de semana para venir a Almería.

Trinidad tuvo un más problemas al principio. Iba a Las Milagrosas, estudiaba, y de pronto se vio cosiendo y bordando. Fue un cambio total. Bordar ha sido el trabajo de su vida: pedrería, oro, a mano, a máquina, incluso hizo su propia línea de ropa de bebé. Se casó a los 24 años con un descendiente de italiano, y tuvo tres hijos: José Ángel, Rubén Alejandro y Marcelo Leonel. Vino en el 98, de turismo, y ya comenzó a asombrarse con los cambios de la ciudad.

Lo que les parecía una Almería grande, desde sus perspectivas de niños, ahora resulta que es casi un pequeño triángulo en los mapas. Han visitado la Alcazaba por primera vez, pues antes sólo eran una ruinas que casi siempre estaban cerradas. La explosión demográfica es inmensa, hay un puerto deportivo, barrios.

La familia se ha volcado con ellos. Los primos, sobre todo, con quienes que tanto jugaron en la niñez. Han aparecido las fotos donde estaban todos, juntos. Diego Moreno de las Heras, un primo hermano que también emigró de niño, pero a Barcelona, ha venido a verlos, pues ha sido uno de los artífices del reencuentro.

Se van hoy, sábado, pero ya nada volverá a ser lo mismo. Ya han vuelto. Aman la Argentina, un país que los acogió y donde mucha gente buena los ayudó. El país de sus hijos y sus nietos. Los lazos con su pasado se han vuelto a anudar. La vida, ahora, puede continuar su camino.