ALMERÍA - TASMANIA

Las antípodas, un lugar donde había trabajo y se vivía bien

Tasmania no es la antípoda de Almería, pero casi. Para llegar allí hay, por lo tanto, que recorrer medio mundo, pero cuando se trata de buscarse la vida, las distancias no importan. Así que cuando a aquél grupo de amigos les dijeron que en Australia había mucho trabajo y se ganaba bien, no lo pensaron mucho.

José Romera y su esposa

José Romera y su esposa, María Angeles en el Parque de Los Molinos, Almería

José Romera Lázaro nació en Terque, en 1935, en una familia numerosa que trabajaba en lo que todos por aquellas sierras: la uva, los naranjos, la tierra. Estudió por las noches en la escuela del pueblo, y con el tiempo hizo la mili, en Ingenieros de Granada. Pero era casi inevitable en aquella época, en 1964, cogió una maleta y se fue a Alemania.

Trabajó arreglando y poniendo a punto las vías de los trenes en Essen, en una empresa en la que había muchos almerienses. Y no les iba mal, lo reconoce, aunque tampoco se ganaba mucho. Pero un día comenzó a hablarse de Australia, y en poco tiempo un grupo de amigos tomó la decisión. " Fue como un pronto", recuerda. " Ya que estábamos fuera, ¿por qué no probar?"

José Romera en el puerto de Génova

José, acabado de llegar de Australia en el 'Génova'

De modo que un día se pagaron el viaje y partieron rumbo a Italia para embarcar en el 'Génova', un enorme barco en el que iban unos 3.000 pasajeros y 800 de tripulación. Fue un viaje bonito, pasando por el Canal de Suez, en segunda clase, sin problemas de papeles y con todas las comodidades de un crucero. Pararon en varios puertos, y finalmente, 28 días después, llegaron a Sydney.

Al poco tiempo de permanecer en un campamento de inmigrantes, una empresa contrató al grupo de amigos para trabajar en Tasmania. "Es una isla grande, como si dijéramos las islas Canarias de aquí", escribió; en una carta a su familia.

"Estaba bastante bien", cuenta ahora, en el sofá de su casa, en Los Molinos. "Sólo habían dos ciudades importantes, Hobart, la capital, y Launceston. Es una isla muy bonita, con muchos árboles, pinos, llovía mucho, y lo que sí había era muchísima manzana".

José trabajaba con cementos, en la construcción de pantanos, y luego de centrales eléctricas. La gente era amable. La empresa les daba vivienda, comida, de todo, y además, pagaban bien. Era un mundo de emigrantes. "Mi jefe, por ejemplo, era polaco". La ciudad era moderna, pujante. Al año, José se llevó para allá a su hermano Diego, y se compró un Fiat 1.500 y luego un Chrysler.

José con su hermano, Diego

José junto con su hermano, Diego

El grupo de amigos que había llegado se iba dispersando, y José terminó; un poco harto de Tasmania, así que un día recogió; sus cosas y se fue para Sydney con su hermano y varios amigos. Comenzó; a trabajar en otra empresa, y se llevó; a unos primos, Lola e Inocencio, que todavía viven allá, y ya tienen nietos.

"Sydney era una gran ciudad", recuerda. "Como Barcelona, más o menos. Se vivía bien, mejor que en Tasmania. Tenía coche, de todo". En 1973 vino con su hermano a ver a los padres. Otras 28 horas de viaje, esta vez en avión: de Sydney a Pearl, Singapur, Nueva Delhi, Turín, España. Y no volvió.

¿Qué pasó? El amor. María Ángeles Pozo López es de Los Molinos, pero su madre había trabajado en un almacén de uvas con muchas mujeres de Terque, y un día la dejó ir a visitarlas, con unas amigas. Y allí se conocieron. "Era muy malo", dice ella, ahora, riendo. "Pero me cameló con el habla que traía. Hablaba raro, con un deje".

Ella no quería irse tan lejos, así que José se fue a la fábrica de cemento de Gádor, pidió trabajo y se colocó bien, en una máquina de hacer hormigones" con muchos botones, y me pagaban bien", reconoce. Y se quedó. Tenía todos los papeles para volver cuando quisiera, "pero si me iba no volvía", dice. "Allí estaba muy a gusto. Trabajando, por supuesto, pero muy a gusto".

Se casaron en 1975, y tuvieron dos hijos, José Luis y Manuel Ángel, que al cabo son profesores de inglés, "porque yo les inculqué lo del idioma", dice José, orgulloso. Ahora viven en Los Molinos, y su hermano, Diego, en Terque. José se jubiló hace unos nueve años.

A veces piensa que le gustaría volver a Australia, ya como turista, a ver aquello, a recordar. Fue una tierra que lo acogió, en la que encontró un buen trabajo y no vivió mal. Pero Mari Ángeles dice que ya no pueden, que son muchas horas de viaje y que, además, están los achaques. Pero los sueños es lo último que se pierde, en realidad. Las antípodas. El lugar a donde José Romera emigró.