

EXTREMADURA - EINDHOVEN
Allá por el principio de los años sesenta, la fábrica PHILIPS, acosada por la falta de mano de obra que sufría Holanda en esa época, hizo venir un grán número de obreros españoles hasta Eindhoven. Los primeros emigrantes españoles en, Philips venían del norte de Cáceres, de diferentes pueblos de esta provincia, y formaron la base de la actual Colonia Española de la ciudad de Eindhoven. Mas tarde llegaron otros grupos de todas las regiones españolas. Durante muchos años los españoles formaron el mayor grupo de forasteros en la ciudad. Del primer grupo, sólo dos siguen residiendo aún en Eindhoven: José Gutiérrez, natural de Carcaboso, y Raimundo Blanco, natural de Plasencia. Todos los demás han regresado, y algunos han fallecido ya.

De Extremadura a Someren, 1963
Debido a la escasez de mano de obra en Eindhoven y cercanías, Philips, igual que otras grandes empresas, cruzó fronteras en busca de empleados, obreros con contratos temporales para resolver el problema a corto plazo. Para poder manejar y controlar aspectos administrativos y prácticos, se decidió operar en un país solamente. Frits Philips en persona, el heredero de la gran Philips, que unos años más tarde llegaría a ser una de las multinacionales más poderosas del mundo, se decidió por España. La Administración española designó Extremadura a su empresa para conseguir la mano de obra que requería.
El 8 de febrero del 2003 se cumplieron exactamente 40 años de que los primeros españoles que venían a trabajar a Philips bajaran del tren en Holanda después de tres días de viaje. Estos 90 cacereños, con un contrato de un año en el bolsillo, emprendieron un viaje que les llevaría lejos de su Extremadura, de su España. Muchos de ellos no sabían ni dónde se encontraba Holanda.
Este páis padecía aquél año uno de los inviernos más fríos que se recuerdan. La llegada de estos hombres se había acordado para diciembre del 1962, pero por culpa de las grandes nevadas y heladas de aquel invierno se tuvo que retrasar el viaje hasta febrero del 63. Los 90 cacereños no fueron los primeros emigrantes españoles en Holanda. En años anteriores ya habían llegado por su cuenta algunos a otras ciudades y fábricas de Holanda, como por ejemplo Juan Lesbán García, que ya trabajaba en Philips y fue el interprete de todos esos que llegaron más tarde.
Pero sí fueron los primeros empleados españoles que fueron demandados en grupos por la famosa fábricade bombillas. Se podía decir también, cariñosamente, que Juan Lesbán García es el 'abuelo de la Colonia Española' de Eindhoven, y aún sigue activo trabajando para esta Colonia Española en el Hogar de los Pensionistas y en Unión Hispana.

Pensión 'Ons Thuis' en el centro de la ciudad de Eindhoven
El primer grupo se alojó en Someren en un campamento estatal construido por los años 30, que habían servido de alojamiento a los empleados en el desmonte del campo. Existían campamentos similares en otra localidades, todas cerca de Eindhoven. Ocho hombres compartían un dormitorio y un salón-comedor. Diariamente, los españoles iban y venían al trabajo en Eindhoven, en unos autobuses que Philips tenía para desplazar a sus obreros, pues la empresa, daba trabajo a todos los pueblos de alrededor.
El número de trabajadores españoles continuaba aumentando. Pronto llegaron trabajadores de todas las regiones de España. El alojamiento distaba mucho de ser ideal, y debido al aumento de obreros, Philips tomó la decisión de construír dos campamentos más: ‘El Pinar’, en la localidad de Maarheeze, se inauguró en 1964, y ‘El Prado’, inaugurado en 1966 en Eindhoven. Estos campamentos estaban dotados de mayores comodidades, pero continuaban ocho personas compartiendo dormitorio.
Algunos no eran capaces de adaptarse en estos alojamientos comunes y buscaron hospedaje en casas particulares. Otros se alojaron en pensiones a los que Philips ayudaba a pagar. Tal vez una de las pensiones que más recordarán los emigrantes retornados que lean estas líneas es la que se encontraba en el centro de Eindhoven. Una pensión en un convento de monjas: ‘Ons Thuis’ (Nuestra Casa). Aquí encontró alojamiento un centenar de españoles, cada uno con su propia habitación. Las monjas se encargaban de las comidas y la limpieza.
Sacerdote holandés y exmisionero, padre Jaime Driessen.
Desde el principio hasta la década de los 80, el cuidado y la educación espiritual corría a cargo del sacerdote holandés y exmisionero padre Jaime Driessen. Él daba la misa en español todos los domingos en los campamentos residenciales de los emigrantes. El padre Jaime fue, sin duda alguna, la persona que más apoyo, comprensión y solidaridad entregó a los emigrantes y sus familiares.
Era un hombre de una fenomenal capacidad mental, una enciclopedia viviente. Conocía los nombres y apellidos, fechas y lugares de nacimiento de todos los emigrantes y sus familiares. Nunca se olvidaba de quíen cumplía los años y una de las anecdotas más fascinantes de aquella época es que aquellos jovenes emigrantes que no vivían la fe como los demás compatriotas; que no eran tan creyentes, terminaron todos acudiendo a su misa dominical.
Philips publicaba un periódico semanal, y tras la llegada de los españoles a Philips, el periodista Albert van Dijken creó una columna en español. Esta columna se llamaba 'Aquí la onda española', y allí el periodista informaba a los españoles sobre todos los temás de interés del momento y los invitaba a participar. En el Archivo Central de Philips se custodian todos los periódicos de aquellos años, y se puede leer todo lo que estos primeros emigrantes escribían.
Albert van Dijken, no solo fué un periodista del Philips Koerier, también fue un gran amigo de los españoles. Les visitaba en los campamentos, compartía con ellos, tanto penas como alegrías, e incluso hizo con ellos varios viajes a España, a sus pueblos. La mayoría de los españoles no lo saben, pero fue durante un largo tiempo, una persona muy importante para nuestros antecesores emigrantes.
Periódico semanal, donde van Dijken informaba a los españoles sobre los temas de interés
El mismo día de su llegada, a Gutiérrez y sus compañeros los sometieron a unas pruebas para determinar si estaban capacitados para el manejo de las máquinas en la fábrica. "Estuvimos realizando pruebas durante dos días. ¡Estábamos hasta las narices de pruebas! - recuerda -. Queríamos, trabajar con máquinas auténticas. Y ¿sábes qué máquina me dieron a mí? ¡Una escoba!. Les dije: ¿A esto he venido yo a Holanda? ¿A barrer suelos? En España este tipo de trabajo se consideraba entonces cosa de mujeres". No obstante, a pesar de las numerosas protestas, un alto número de sus compañeros fué destinado a la limpieza, pero al transcurso de unos seís meses los destinaron al manejo de máquinas en la fábrica.
"A mí me destinaron a la sección 'Metaalwaren' y allí estuve hasta el momento de mi jubilación" - narra Gutiérrez -. Siempre me encontré a gusto en este departamento". En 1963, cuando llegó, no tenía la menor intención de quedarse hasta su jubilación. Pensaba en trabajar allí un año, quizás dos o tres. Trabajar unos años, ahorrar algún dinerillo y regresar a España. Esta idea era muy común entre los emigrantes españoles, y era tambiénel punto de partida de Philips. Debido a esta opinión, no existía motivación, tanto por parte de los emigrantes como de la empresa, para invertir en aprender el idioma holandés. Esta es la causa de que un gran número de españoles, después de treinta años de residencia aún tenga grandes dificultades en sus conocimientos y uso del holandés.
Con el curso del tiempo, los contratos se fueron renovando y prolongando, y cada día un mayor número de emigrantes tomaba la decisión de traerse a su esposa e hijos. Philips también necesitaba mujeres en sus fábricas y decidió cooperar y ayudar a los emigrantes a conseguir viviendas. Pero para conseguir una casa se necesitaba una recomendación del jefe de Personal. Los hijos en el colegio hicieron amistades, cursaron estudios, encontraron trabajo y, los padres aplazaron año tras año la decisión de ‘quedarse o regresar’.
Pero las vacaciones de verano siempre se pasaban en España. El primer año Philips llevó a los extremeños en autobuses hasta sus pueblos. En los años siguientes había un tren especial hasta Irún y más tarde se ofrecía la posibilidad de realizar el viaje en avión. Por los años 70, los españoles viajaban, en sus propios coches. Con frecuencia eran coches bastante viejos, e iban tres o cuatro hijos en el asiento trasero. "Y además cargados de regalos para toda la familia", recuerda Gutiérrez -. En el pueblo te esperaban todos los primos y sobrinos. Recuerdo, que un año llevé un tocadiscos. Causó gran admiración. Hoy por hoy, si se te ocurre llevar algo nuevo, resulta que allí ya es cosa común. Ya lo tienen todos y por partida doble. Los tiempos han cambiado mucho, también en los pueblos españoles".
Para la mayoría de los emigrantes, la idea era estar un tiempo, ahorrar y volver, pero no fue así. Cuando llegaron eran hombres jóvenes, en la flor de su vida. Ahora andan por la edad de jubilación, y parece ser que se harán viejos en Holanda debido al hecho de que sus hijos y nietos están aquí. " Cuando dejamos el pueblo por primera vez, cantábamos en el autobús- dice Gutiérrez -. Pero eso no lo he vuelto a conocer. La segunda vez, cuando volvías a Holanda después de las vacaciones, tenías que tomarte un par de copas antes para no venir llorando de tristeza en el autobús. Dolía dejar atrás a tu pueblo, a Extremadura, a España… dolía mucho. Contabas los días, las horas y aún hoy en día me alegro muchísimo cuando llegan las vacaciones. ¡A mí pueblo! Yo llevo cuarenta años en Holanda pero a España la llevo en mi corazón".
De regreso al trabajo, en el 'caballo de hierro'
Fueron años intensamente vividos, llenos de historias, de alegrías y tristezas. No sabemos si todos consiguieron lo que venían buscando, ni sabemos si lo que consiguieron fue lo más adecuado. Lo que sí sabemos es que esos hombres escribieron una página importante en la historia de la emigración española. A veces piensas: ¡Qué poderosa es la Philips!…Y pensar que parte de ese poder fue conseguido por unos españoles que, dejando atrás lo que más querían, se montaron en el 'caballo de hierro', como tales conquistadores, para poder conquistar lo mejor… para las personas que más querían.

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