

ALMERÍA - BRASIL
La foto de esta página fue tomada a principios del siglo XX en Sao Paulo, Brasil, en el patio de una empresa donde se producía vinagre y se fabricaban toneles. Los trabajadores que posan, tal vez en un descanso del trabajo, son antiguos barrileros de Ohanes y Terque que habían emigrado a este país, y se habían traído consigo su experiencia en este trabajo que tuvo su época dorada en Almería con la uva del barco.
Un grupo de barrileros de Ohanes y Terque, en Sao Paulo,
a principios del siglo pasado
En la primera fila, el tercero por la izquierda es Emilio Carretero Fernández, barrilero de Ohanes que había emigrado con su familia a Brasil en 1910. Allí se casó con María Rodríguez, también hija de emigrantes, estos de Terque, y tuvo seis hijos, once nietos y ocho bisnietos.
Uno de estos nietos, Osvaldo Lopes Carretero, conserva gran cantidad de fotos y datos de su familia y de esta emigración almeriense poco conocida, y ha donado buena parte de este material al Museo de Terque. "Aquí, en Sao Paulo, existe un Museo del Emigrante (www.memorialdoimigrante.sp.gov.br ) donde hay muchos datos y material acerca de las emigraciones que han llegado a este país", cuenta desde Brasil.

Un grupo de almerienses en las haciendas
Osvaldo ha visitado varias veces Almería para conocer la tierra de la que tanto escuchaba hablar a sus abuelos, a su familia. Conserva cartas, fotos, anécdotas, la historia viva de unos tiempos en los que España sufría la sangría de sus trabajadores.
Brasil. El gigante de América Latina, un país que casi es un continente y que es un mundo en sí mismo, con una lengua, una historia, una cultura. Y con enormes extensiones de tierras donde un agricultor podía encontrar trabajo y soñar con un porvenir. Entre 1910 y 1914 desembarcaron en Sao Paulo, por el puerto de Santos, 143.000 españoles, de los cuales 110.000 eran andaluces.
La cifra oficial del gobierno español, sin embargo, es de sólo 40.000 personas. Pero es que, como siempre ha ocurrido desde que el mundo es mundo, en las emigraciones, los viajes movidos con la necesidad como combustible, en aquella época en España también había mucho viajero clandestino.
A principios del siglo XX, Andalucía sufrió una plaga de filoxera que afectó a los parrales, principalmente de la uva de Ohanes. Muchos pequeños propietarios se vieron empobrecidos y tuvieron que buscarse la vida en otras tierras. Las compañías de navegación enviaban agentes a los pueblos andaluces promoviendo las ventajas de la emigración. En Almería, los impresos que repartían explicaban: “Para esos infelices labradores, emigrar es vivir”.
La salida de España era por los puertos de Málaga y Gibraltar. Este último era el escogido por la mayoría de los emigrantes clandestinos. Las personas reclutadas en Andalucía se concentraban allí, amontonados, a la espera de navíos donde embarcaban en tercera clase.

El puerto de Santos
Se falsificaban documentos, se inventaban familias, se falsificaban profesiones. El viaje, atravesando el Mediterráneo y el Atlántico, duraba una media de 22 días. Los abuelos de Osvaldo llegaron por el puerto de Santos. De allí los emigrantes eran enviados a Sao Paulo, a una hospedería donde esperaban sus destinos en haciendas de café en el interior de la provincia, donde eran alojados y contratados por los hacendados.
En estas haciendas, los españoles eran maltratados y obligados a trabajar en condiciones casi de esclavitud. Con el tiempo, la mayoría las abandonaron y se fueron a Sao Paulo, o a otras regiones de Brasil. Muchos hicieron allí familias, y trabajaron en lo que apareció. Algunos regresaron con el tiempo, otros no.
"En Sorocaba (la ciudad donde se asentaron Emilio Carretero y María Rodríguez), son visibles las marcas que los emigrantes han imprimido en la cultura, la economía y la política", cuenta Osvaldo. En 1995, él vino a Terque para cumplir la promesa que le hizo a su abuelo.

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