

ALMERÍA - ARGENTINA
“Guardo en mi corazón un gran recuerdo”, dice Antonio Segura Rodríguez, casi con lágrimas en los ojos, mientras se toma un café en una terraza del Paseo de Almería y recuerda los días en los que trabajaba como pintor en la Casa Rosada, el edificio de gobierno argentino, en pleno centro de Buenos Aires, allá por los años 50 del siglo pasado.

Antonio Segura, con su inseparable ropa blanca de pintor,
una profesión que sigue desarrollando en la actualidad.
“Un día que fue el matrimonio Perón a ver la obra, nos llamó a todos los trabajadores por la tarde para darnos las gracias por lo bien que marchaban los trabajos. Nos sentamos todos y nos dieron una taza de mate, y cuando mejor lo estábamos pasando yo me levanté, porque siempre fui muy decidido, y la dije a Eva Perón en presencia de todos que si me permitía besarle la mano”.
“Y eso a ella le impactó, y me dijo en presencia de todos: ‘¡No ‘mijito’, en la mano no!’ Y me dio ella un beso en la cara”. Antonio se detiene un momento, buscando fuerzas para continuar con un relato que lo llena de emoción. “Y enseguida me preguntó de qué sitio de España venía, yo le dije que de Almería. Entonces se levantó de la silla y dijo: ‘Te voy a dar una sorpresa que me traje de allí’. La acompañé por unos salones, y cuál fue mi sorpresa al ver, en un salón, un baúl tapizado en cuero que ponía encima, en la tapa, el nombre de Almería. Me puse a llorar como un niño, desconsoladamente, y ella, la señora Eva Duarte de Perón, me limpió con su pañuelo mis lágrimas. Y eso nunca se me olvidará”.
Una calle de los años 50 de Buenos Aires
Antonio cuenta su vida, repleta de anécdotas, y a veces ríe con las cosas que le han pasado, pero cuando recuerda sus trece años como emigrante en Argentina, siempre se emociona. “Lo que nunca olvidaré, lo que siempre le agradeceré a ese gran país y a la gente de allí, es que me dieron pan”, y dice la palabra ‘pan’ con fuerza, deteniéndose tras ella y mirándote a los ojos, con una expresión que sólo los que han pasado necesidadades en esta vida pueden poner. “Me faltaría tinta y papel para decir que, mientras yo viva, los argentinos son mis hermanos, y Argentina, mi segunda patria ”, dice por fin.
Antonio nació en Los Molinos (Almería), en una familia de seis hermanos y un padre maquinista de ferrocarril. Aprendió a pintar desde muy joven, y ese ha sido su trabajo fundamental durante toda su vida, aunque, por supuesto, a hecho muchas cosas. “Mi primer trabajo fue pintar la fachada de Calzados El Misterio. Lo recuerdo siempre. Siempre he pintado yo esa fachada”, dice.

Una foto de sus tiempos de jugador del Almería
Tras muchos avatares en la vida, terminó marchándose a Argentina. Allí ya había familias, y “los argentinos nos recibían con los brazos abiertos, con afecto y cariño. Nos daban trabajo, pan y techo y eso nunca se puede olvidar por muchos años que pasen”, recalca. “Cuando pasó un tiempo me colocaron en la empresa del Gobierno ‘El hogar de la empleada’ que fundó Eva Perón para recoger a toda aquella juventud de jóvenes mujeres que se venían del norte argentino y no tenían trabajo”.
Antonio viajó por todo el país, por su trabajo. “Me lo conozco mejor que muchos argentinos”, dice, orgulloso.“Mi tierra, Almería, fue por aquel entonces el culo del mundo, hasta nos llamaban ‘los legañosos’ por nuestra pobreza. Y al faltarnos el bienestar de otras ciudades de España, el hambre y las necesidades nos hacían más inteligentes para hacerle frente a aquella triste vida de la posguerra”.
Antonio se fue casado con Ana Simón, su querida esposa de toda la vida, y tuvo un hijo allá, en Mar del Plata. Tras trece años de emigración, volvió a su tierra. Frente a la taza de café, ya vacía, sigue contando historias. De cuando fue jugador del Almería, de cuando conoció al Rey, de cuando vio a un joven Fidel Castro, a principios de los años 60, hablando en la Plaza de la Constitución de Buenos Aires, subido un coche, ante una multitud...
Pero esas son otras historias. Enseguida vuelve a recordar Argentina, la tierra que le dio pan a su familia cuando aquí no había.

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